¿Hace cuánto dibuja in situ?

Mi primer viaje de dibujo

Todo empezó en un viaje sola a Perú en el 2015, donde me llevé una pequeña bitácora de dibujo, unas acuarelas escolares, un pincel con tubito de agua y plumillas varias. Durante ese viaje, tuve la oportunidad de capturar la esencia de los impresionantes paisajes peruanos a través de mis dibujos y acuarelas.

Cada pincelada era un reflejo de la emoción y la maravilla que sentía en ese momento. Fue una experiencia transformadora que despertó mi pasión por el arte y la creatividad, dejando una huella imborrable en mi memoria.

Mientras dibujaba las escenas que me llamaban la atención, conocí a personas muy interesantes que no habría conocido de otra manera. Este proceso de observar, interpretar y plasmar en papel lo que me rodeaba me permitió sumergirme en un mundo de conexiones inesperadas y descubrimientos continuos en aquellos lugares que me había detenido a admirar.

Cada trazo me acercaba no solo a la representación visual de mi entorno, sino también a la profundidad de las historias y vivencias de aquellos que compartían ese espacio conmigo. Así, el acto de dibujar se convirtió en una puerta hacia nuevas relaciones. Esa primera bitácora de dibujo a la que le tengo con mucho cariño marcó el inicio de una manera única de capturar mis memorias de viaje.

El poder del dibujo in situ

Desde ese viaje a Perú descubrí el poder del dibujo in situ de conectarme con el lugar, con las personas y con mis memorias. La práctica de dibujar en el lugar ofrece una experiencia única, donde cada trazo captura la esencia del entorno y las emociones del momento.

Esta técnica me ha permitido sumergirme en la atmósfera del lugar, observar detenidamente los detalles y absorber la energía que lo caracteriza. A través del dibujo in situ, he logrado establecer un vínculo más profundo con mi entorno, permitiendo que mis recuerdos se entrelacen con la creación artística.

Cada obra se convierte así en un fragmento gráfico de las vivencias experimentadas en ese preciso instante, dejando una huella imborrable tanto en el papel como en mi memoria. Tengo más de 50 bitácoras, de las cuales les contaré en otra publicación, que compilan mis encuentros personales con lugares de Costa Rica, Perú, Nueva York, Boston, Australia, Kuala Lumpur, Cambodia y México.

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