La frase «in situ» es de origen latino y se utiliza en el contexto del arte para describir obras que han sido creadas directamente en el lugar, en oposición a ser creadas en un estudio o basadas en fotografías. Este enfoque me ofrece una conexión más íntima con el entorno y las emociones que experimento mientras trabajo, capturando la atmósfera del lugar de una manera única.
La experiencia de dibujar in situ
La técnica «in situ» puede presentar desafíos particulares, como las condiciones climáticas cambiantes y la necesidad de tomar decisiones rápidas, pero como arquitecta considero que vale la pena la experiencia y el resultado final.
Dibujar in situ es una experiencia profundamente enriquecedora que me permite conectarme con el momento presente, capturando la esencia misma de los eventos y situaciones que acontecen cuando visito un lugar y me detengo un momento para recorrerlo con los sentidos y admirarlo.
Más que un dibujo
Este enfoque en la observación detallada y la inmersión en el entorno me ofrece la oportunidad de apreciar la interacción entre la luz, las sombras y los colores de una manera única. A través de este proceso, logro establecer una conexión íntima con el paisaje, la arquitectura o la escena que estoy representando, lo que a su vez se refleja en la obra final.
La práctica del dibujo in situ va más allá de simplemente plasmar la apariencia física de un lugar; es una forma de comprenderlo en un nivel más profundo, explorando la atmósfera, el ritmo y la energía que lo caracterizan. En última instancia, cuando dibujo in situ no solo documento un momento en el tiempo, sino que también encapsulo mi experiencia única y personal en ese lugar específico.

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